Existen periodos biológicos críticos para el desarrollo de la obesidad, como el embarazo, el primer año de vida, el momento del rebote adiposo y la adolescencia

La adolescencia: uno de los periodos biológicos críticos para el desarrollo de la obesidad

Ana María Pizarro Ruiz,
Juan José Benavente García

En ellos se establecen cambios en la composición corporal, en la estructura y función de órganos y aparatos, en la regulación metabólica y hormonal y en la expresión génica, con consecuencias no solo a corto, sino también a medio y largo plazo. 

La adiposidad no solo es importante por su cantidad, sino por la localización de la misma, que condiciona el tipo de grasa, su funcionalidad y el riesgo metabólico que supone. A partir de la adolescencia existe un dimorfismo sexual en la distribución de la grasa. En el sexo femenino, la grasa es predominantemente distal, denominándose adiposidad ginoide o en pera, mientras en el sexo masculino es preferentemente central,  adiposidad androide o en manzana, asociándose con distintas patologías. 

Un alto índice de masa corporal (IMC) que es un índice de relación peso-talla,  es un factor importante de riesgo de trastornos cardiovasculares, diabetes tipo 2, enfermedad pulmonar, hepática, renal y músculo esquelética, además de ciertos tipos de cáncer. 

Además de esto, el exceso de peso en los adolescentes se asocia con una disminución de la calidad de vida y del aumento del riesgo de estados emocionales negativos, estereotipos indeseables, intimidación y aislamiento social. 

En general, el aumento del peso corporal es un proceso multifactorial influido por componentes genéticos, metabólicos, comportamentales, ambientales, socioculturales y socioeconómicos, aunque una dieta incorrecta y/o una actividad física insuficiente pueden considerarse los principales factores moduladores. Por tanto, la modificación de la dieta y la promoción de la actividad física constituyen componentes críticos de todas las estrategias destinadas a combatir el sobrepeso y la obesidad. 

Los adolescentes representan un grupo de riesgo único debido al aumento de las necesidades nutricionales y su tendencia a adoptar unos inadecuados hábitos de alimentación y de actividad física. Además, se necesitan estrategias específicas en este grupo de edad, ya que los hábitos (sanos o no) establecidos durante la adolescencia tienden a persistir en la edad adulta. 

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